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Acoso Escolar

El Acoso Escolar o Bullying es cualquier forma de maltrato físico o psicológico producido entre iguales tanto dentro como fuera del aula. Hablamos de Bullying cuando el acoso se produce de forma deliberada y repetida, es decir, no se trata de un hecho puntual. Las manifestaciones del acoso pueden ir desde insultos o mofas de tipo verbal hasta graves agresiones físicas. Tanto si las agresiones son físicas como si son verbales, suelen tener un importante efecto en la autoestima de la víctima; afectándola tanto en su rendimiento académico como en la forma de relacionarse con los demás. 

Los tres perfiles implicados en este tipo de violencia escolar son: el agresor, la víctima y los testigos.

El Agresor 
-Busca el reconocimiento del grupo a través de la humillación de la víctima.
-Necesita autoafirmarse como "el más fuerte" frente a los demás, en la mayoría de los casos porque presenta una baja autoestima y pocas experiencias de éxito personal que le permitan tener un buen autoconcepto de sí mismo.
-Es probable que cuente con pocos referentes adultos que lo guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suele carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Suele carecer de capacidad de autocontrol.
-Es probable que haya tenido modelos de violencia en el entorno familiar de manera que percibe la misma como una forma "normal" de relacionarse y satisfacer sus necesidades.

La Víctima
-Suele carecer de un grupo establecido de amigos en quiénes confiar y apoyarse.
-Es probable que carezca de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.
-Es probable que presente alguna particularidad a nivel físico o alguna dificultad a nivel funcional que viva con cierto complejo y, erróneamente, la haga creerse merecedora del rechazo de los demás.
-Es probable que presente una baja autoestima y poca seguridad en sí mismo/a, las cuáles manifiesta a través de una conducta tímida y cohibida que la convierten en un blanco fácil de mofas y abusos.

Los Testigos (que callan)
-Suelen carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Es probable que cuenten con pocos referentes adultos que los guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suelen necesitar también autoafirmarse debido a una baja autoestima y confianza en sus propias capacidades/habilidades. Para ello, se refugian bajo la figura de un líder con la idea que el estar a su lado los hace igual de "fuertes".
-Suelen tener miedo, de manera que se protegen de no ser víctimas también apoyando al agresor.
-Es probable que carezcan de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Los Testigos (que denuncian)
-Suelen contar con buenos referentes adultos que los guían y están pendientes de lo que sucede en los entornos donde se desarrollan.
-Suelen saber qué es el acoso escolar y son capaces de detectar los tipos de agresiones que implican.
-Suelen contar con una red de amigos importante en quiénes confiar y apoyarse.
-Suelen tener buenas habilidades sociales, una buena autoestima y confianza en sus capacidades/habilidades.
-Suelen contar con un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Estos son algunos de los perfiles habituales. No obstante, no necesariamente se cumplen en todos los casos. Por ejemplo, podemos encontrar víctimas que antes del acoso eran niños/adolescentes seguros de sí mismos, alegres y con una buena autoestima pero que frente a agresiones repetidas y continuadas y terribles amenazas se ven paralizados ante el miedo de tal forma que no son capaces de reaccionar ante el acoso ni tan siquiera atreviéndose a contárselo a alguien.

En este sentido, debemos tener en cuenta que el agresor/a persevera en el acoso cuando percibe en la víctima precisamente esa dificultad para hacer frente a la situación y aumenta la vulnerabilidad del agredido/a aislándolo/a del grupo de forma que cada vez le sea más difícil contar con apoyos para enfrentarse a él/ella. 

Señales de Alerta en las Víctimas
-Una vez iniciadas las diferentes formas de acoso el/la agredido/a tiende a comportarse con un "perfil bajo", de manera que evita relacionarse con los otros niños/adolescentes aumentando así su aislamiento.

-A causa de la alteración emocional que implica ser víctima de acoso escolar, suele disminuir significativamente la capacidad de atención en clase, la motivación y en general el rendimiento académico.

-Suele presentar negativas constantes para participar de las actividades extracurriculares de la escuela e incluso para asistir a la misma.

-Se ve seriamente afectada la autoestima y la confianza en las propias capacidades para cambiar aquellas cosas del propio entorno que no nos satisfacen o no nos hacen bien (Ver artículo sobre Indefensión Aprendida). Por tanto se muestra espantadizo/a y en estado de alerta constante.

-El estado anímico habitual suele ser de apatía y tristeza.

¿Cómo prevenir el Acoso Escolar?
-Hacer visibles las conductas que acompañan el acoso escolar: insultos, humillaciones, agresiones físicas... Hablar con los niños/adolescentes abiertamente de las mismas y de las consecuencias que tienen en las víctimas.

-Fomentar en los niños/adolescentes de habilidades comunicativas para poder expresar sus deseos y preferencias, pero también sus discrepancias o negativas de una forma asertiva; es decir, siendo capaces de defender su punto de vista sin mostrar agresividad cuando lo hace.

-Crear tanto en casa como en la escuela canales de comunicación a los cuales los niños y adolescentes puedan acudir con plena confianza y seguridad de que serán escuchados, comprendidos y apoyados.

-Fomentar en la escuela la vinculación emocional no sólo entre compañeros de la misma clase si no también entre clases de distintos niveles. 

En algunas escuelas de Cataluña se han iniciado con éxito proyectos de prevención del acoso escolar basados en fomentar la cooperación y la convivencia entre los alumnos. Un buen ejemplo es la iniciativa de que niños de niveles superiores "apadrinen" a niños más pequeños, de manera que cada niño cuente con un espacio y un compañero referente para poder hablar, pedir consejos y compartir, si fuese el caso, alguna mala experiencia. Los jóvenes padrinos cuentan a su vez con un maestro de referencia que irá haciendo el seguimiento de la relación entre ambos, guiará las ayudas y consejos que el padrino puede dar a su apadrinado y estará pendiente ante el mínimo signo de alerta, que a través de la información que le da el padrino, se pueda detectar de abuso.

Este sistema de autoregulación no sólo sirve por tanto, para detectar y prevenir posibles situaciones de abuso, sino para fomentar en los niños y adolescentes un espíritu de cooperación y ayuda mútua de manera que ante la mínima señal de abuso todos se sientan implicados y responsables de denunciar, evitando así que se repita cualquier forma de agresión entre iguales tanto dentro como fuera del entorno escolar.

Es importante destacar que, detectado un caso de abuso, la intervención de maestros y familias tiene que ir en tres sentidos:
-Apoyar a la víctima y proporcionarle el soporte emocional necesario para prevenir secuelas psicológicas derivadas del abuso.

-Proporcionar apoyo psicológico al agresor/a de manera que se traten las conductas agresivas y las problemáticas subyacentes que las originan. 

-Dar explicaciones al grupo-clase de los acontecimientos, reforzando positivamente la valentía de los que se han atrevido a denunciar y haciendo visibles las agresiones. No obstante, debemos tener claro que al censurar las agresiones hay que evitar estigmatizar al agresor/a ya que no debemos olvidar que se trata también de un/a menor, que necesita orientación y apoyo sociofamiliar urgente si se quiere prevenir la perpetuación de este tipo de conductas.

El siguiente vídeo musical está siendo utilizado en muchas escuelas para sensibilizar a los alumnos sobre la importancia de denunciar el abuso y ser capaces de empatizar con el sufrimiento del agredido/a. ¡Una manera clara, directa y pegadiza de animar a niños y jóvenes a no tener miedo!


Se Buscan Valientes - Langui



Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultar con un profesional. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.




¿Por qué no somos capaces de reaccionar ante algunas de las situaciones que vivimos?


La Indefensión Aprendida (IA) es una creencia aprendida que nos hace pensar que nuestros actos no tendrán ninguna influencia sobre las situaciones que experimentamos, de modo que estamos supeditados a las circunstancias que se nos presenten sin posibilidad alguna de cambiarlas. Esta creencia errónea limita nuestra conducta y afecta significativamente nuestro estado de ánimo.

El psicólogo Martin Seligman estableció esta teoría a partir del estudio del comportamiento animal, con la intención de explicar que impide a algunas personas reaccionar frente a determinadas situaciones, especialmente aquellas que son difíciles o dolorosas.
Seligman realizó experimentos con dos perros en una jaula, a los que se les daba choques eléctricos. Uno tenía la posibilidad de cortar la corriente con un golpe de hocico pero el otro no. El primero se mantuvo la alerta con energía, mientras que el otro, se mostró nervioso, asustado e inclusive con síntomas de depresión. Cuando cambiaron las condiciones y ya tenía la posibilidad de cortar la corriente no lo hizo, había aprendido que “no podía hacer nada para cambiar la situación”, su actitud era de total desesperanza e indefensión.

De igual manera, se considera que una persona presenta IA cuando ha aprendido a comportarse pasivamente, negándose a responder o a intentar cambiar a su favor las circunstancias adversas que se le presentan. Este aprendizaje es producto de experiencias en las que el individuo ha percibido la sensación de una total ausencia de control sobre el resultado de las situaciones.
La IA genera tres efectos nocivos en las personas:
-Déficit motivacional para emitir nuevas respuestas.
-Déficit cognitivo para aprender que las respuestas controlan los resultados.
-Alteraciones emocionales basadas en el miedo y la depresión.
La persona que presenta IA se encontrará frustrado, impotente, desesperanzado, con baja autoestima y poca seguridad en sí mismo pensando que no hay opción alguna de éxito o vía de escape posible. La resignación es la emoción que apacigua el malestar pero no evita la sensación de insatisfacción o infelicidad.
Son muchas las situaciones que pueden provocar este fenómeno psicológico en una persona: cualquier tipo de maltrato persistente ya sea físico o verbal, el acoso escolar o bullying, el acoso laboral o mobbing, constantes experiencias de fracaso, etc.
Ahora bien, ¿qué se puede hacer para enfrentar este sentimiento de indefensión y conseguir superarlo?
El individuo ha aprendido a responder de forma pasiva, sintiéndose invalidado, anulado, incapaz. Debemos por tanto reestructurar la forma de ver las cosas: ampliando la perspectiva, centrando la atención en las experiencias positivas y de éxito que seguro existen en otras áreas diferentes a la afectada, fortaleciendo la autoestima, aprendiendo a buscar alternativas de solución a los problemas o dificultades y estando dispuestos a ponerlas a prueba sin dejarnos llevar por el desánimo si éstas no funcionan a la primera. 
El siguiente vídeo muestra cómo se puede llegar a inducir un sentimiento de indefensión a partir de experiencias sucesivas de fracaso que al individuo le resultan incomprensibles y en las que se encuentra totalmente impotente.

Indefensión Aprendida
Una profesora es capaz de inducir indefensión aprendida a un grupo de alumnos en sólo cinco minutos.

Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultar con un profesional. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.

La Sexualidad en la Adolescencia

La búsqueda del amor y el descubrimiento del sexo son partes fundamentales de la adolescencia. En esta etapa el enamoramiento se vive de forma apasionada, los vínculos que se crean se viven de forma intensa, aunque la mayoría de las veces se trata de relaciones poco duraderas. No debemos desestimar la importancia de estos sentimientos y primeras experiencias debido a su carácter pasajero.

El primer amor se vive con gran intensidad. Marca un antes y un después en la vida del adolescente y suele tratarse de un «amor a primera vista», no siempre correspondido.

Los adolescentes suelen vivir dos tipos de amores, los fugaces, es decir que se enamoran y desenamoran sucesivamente de distintas personas, y los «imposibles», que se viven platónicamente persistiendo en el tiempo como una tragedia agridulce. Debemos tener claro que independientemente de si son platónicos o no, breves o duraderos, las emociones que despiertan en ellos son totalmente reales y, por tanto, los hacen sufrir o vibrar con total autenticidad.

Los adolescentes tienen gran necesidad de hablar de estos sentimientos, de entenderlos, de saber cómo actuar. Y es en el grupo de amigos donde se encuentran más cómodos para hacerlo. La concreción de este amor le abrirá las puertas a un mundo nuevo de sensaciones y emociones. Asimismo, el rechazo por parte del otro los abocará a experimentar sensaciones de vacío y tristeza. Los amigos también sirven de escudo y son fuente de valor, cuando tienen que enfrentarse a los primeros acercamientos al chico/a que les gusta.

Debemos tener presente que pensar en el otro puede mantenerlos largos espacios de tiempo en estado de ensoñación, de forma que muchas veces los encontraremos distraídos, dispersos.

Para el adolescente también empieza a volverse importante gustar y ser capaces de seducir al otro. Empieza, de esta manera, la preocupación por su aspecto físico, por su cuidado personal, por sus maneras de hablar y comportarse en grupo, dado que la percepción que generen en los demás adquiere gran relevancia.

La intimidad empieza a partir de acercamientos tímidos que se viven intensamente de forma platónica. Compartir gustos, el leve roce de su mano, un beso en la mejilla un poco más largo de lo habitual...todo ello son para el adolescentes signos de amor elevados mentalmente a la enésima potencia en estados de euforia.

Ahora bien, el despertar sexual, viene marcado por los cambios biológicos que acompañan la pubertad. El desarrollo de la sexualidad suele comenzar por el autoerotismo que con el tiempo se complementa con la exploración de sensaciones a través del acercamiento al otro y que culmina en el acto sexual propiamente dicho. En este sentido, debemos entender la masturbación como un fenómeno normal de la adolescencia dado que se trata de una actividad exploratoria, la cual  permitirá al adolescente conocer sus propias sensaciones y prepararse para una futura genitalidad. Las prácticas masturbatorias suelen ser más frecuentes en los chicos, no obstante en las chicas también son una forma de autoexplorarse y empezar a descubrir el placer sexual. Si bien es cierto que actualmente hemos superado muchos de los tabúes que cubrían la masturbación de un manto culpablizador, es inevitable que los jóvenes vivan con cierta vergüenza hablar de la misma puesto que se trata de una actividad sumamente íntima y personal.

Llegado el momento de la primera relación sexual, la pérdida de la virginidad, produce en ambos géneros dudas, temores y tensión. Las chicas, según su tipo de educación y creencias, pueden vivirla como la pérdida de una virtud o bien como una liberación. En los chicos, en cambio, se vincula más con la necesidad de demostrar la propia virilidad. Y una vez culminado el encuentro, suelen experimentar sensaciones contradictorias, por una parte, emoción, alegría e incluso orgullo por haberlo hecho y sentirse más adultos y por otra, desilusión o tristeza al comprobar que no fue como sus fantasías y expectativas lo habían imaginado. Siempre que se haya tratado de una relación elegida libremente, el buen o mal sabor de boca que le haya podido dejar dicha experiencia será para el adolescente una fuente de aprendizaje para sus futuras relaciones tanto sexuales como sentimentales. Como padres, debemos saber respetar su intimidad dejando que sea él/ella quien decida hasta qué punto quiere compartir con nosotros lo que está viviendo. Es normal que nos preocupe no saber o ser conscientes de que las primeras experiencias de nuestros hijos en el terreno sentimental no están siendo del todo agradables para él/ella, pero mientras más normalidad y menos angustia mostremos más fácil será para ellos confiar en nosotros. Sin embargo, ser respetuosos no está reñido con ser capaces de abrir las puertas al diálogo y ofrecerles la posibilidad de hablar sobre los miedos y las inseguridades que pueden estar experimentando en ese momento. Así como señalarle la importancia de que sea él/ella quien marque los tiempos para iniciar su vida  sexual de manera que no haga nada que no quiera hacer realmente.

En cuanto a la identidad sexual, debemos saber que existe una etapa en la que los adolescentes presentan una cierta indeterminación sexual, que conlleva a veces ciertas dudas y necesidad de exploración, pero que no debe ser entendida como una homosexualidad definida. Los adolescentes muchas veces inician juegos que implican cierto contacto físico y que son una forma más de exploración de sensaciones y conocimiento propio y del otro, además pueden llegar a confundir una amistad profunda que los hace sentir a gusto y felices con una cierta atracción amorosa. Todo ello pasa con total naturalidad con el paso del tiempo cuando el/la joven empieza a definir sus preferencias sexuales.

Actualmente la homosexualidad es entendida como una orientación sexual marcada por la propia biología más que por una elección individual y desde luego, ser gay o lesbiana ya no es visto como una enfermedad o como la consecuencia de copiar modelos inadecuados. A pesar de ello, no podemos negar, que la mayoría de las veces para los padres sigue siendo un hecho inesperado ser conscientes de que su hijo/hija es homosexual. Los padres suelen sentirse sobrepasados ante el desconocimiento, sufren de antemano las dificultades que imaginan tendrán que enfrentar sus hijos/as debido a su orientación sexual, no saben como tienen que actuar. Sin duda, la mejor manera de responder será siempre el afecto y la aceptación. Contar con nuestro apoyo será la más valiosa herramienta que nuestro hijo/a tendrá para sentirse seguro, aceptarse y hacerse valer ante los demás.

Finalmente, es importante dedicar un tiempo y un espacio a hablar a nuestros hijos de la anticoncepción y prevención de enfermedades de transmisión sexual. No podemos delegar esta responsabilidad en la escuela o en el médico de cabecera, si queremos que nuestros hijos confíen en nosotros debemos empezar rompiendo el hielo en temas que ciertamente no resultan siempre cómodos de abordar. La mejor manera es hacerlo de forma natural, en medio de una charla relacionada con algún tema similar aprovechando quizás alguna noticia que vemos por la tele o comentando el caso de algún conocido/a.

El descubrimiento de la sexualidad es una más de las muchas etapas que padres e hijos deben atravesar juntos a lo largo de la vida, siempre que sepamos escuchar sin juzgar, disciplinar sin culpabilizar y guiar sin forzar tendremos asegurada la confianza y el bienestar de nuestros hijos.

Referencias: 
Crispo, R. y Guelar, D. (2002). La adolescencia: manual de supervivencia. Guía para padres e hijos. Barcelona: Editorial Gedisa.


La tristeza

Sentirnos dolidos y tristes cuando sufrimos una decepción forma parte de la vida, pero no debemos alimentar esa tristeza al punto que nos transforme en quienes no somos realmente.

La tristeza, efectivamente, hay que aceptarla a nuestro lado como silenciosa compañera mientras intentamos con empeño seguir con nuestras vidas, pero nunca hay que dejarle ser guía o consejera puesto que ella sólo nos hará creer que no somos lo suficientemente buenos, que no estamos a la altura, que no podremos superarlo, que nada vale ya la pena...


El siguiente corto animado, titulado Fallin' Floyd,  muestra de forma muy gráfica como un pequeño sentimiento de tristeza puede a veces convertirse en una importante depresión que interfiere en todas las áreas de nuestra vida y nos dificulta seriamente desenvolvernos de manera normalizada en los diferentes contextos y situaciones del día a día.





¿Cómo sobrevivir a la Adolescencia?

Es bien sabido que la adolescencia es un tiempo de cambios, tanto a nivel físico como emocional. Las transformaciones que experimenta el adolescente le generan una sensación de gran inestabilidad debido a la incertidumbre que supone enfrentarse a algo nuevo y desconocido.

Pero el miedo y las inseguridades no son patrimonio del joven en proceso de cambio, los padres también suelen verse perdidos frente a la necesidad imperiosa de reformular los códigos que hasta ahora regían el funcionamiento del núcleo familiar. Además, la adolescencia de los hijos suele coincidir con una etapa de evaluación personal de los padres que los hace especialmente vulnerables y, algunas veces, hasta resistentes a los cambios, puesto que quizás se empiecen a cuestionar ciertos aspectos de su vida (situación matrimonial, realización personal, satisfacción laboral, cuidado de los mayores de la familia, etc). Todo ello requiere de los padres un ejercicio de flexibilidad, que consistirá básicamente en aprender a adaptarse a las nuevas circunstancias que se les presenten y a acompañar a sus hijos durante su propio proceso de cambio.
A continuación detallaremos algunas de los cambios más característicos de la adolescencia y daremos algunas recomendaciones para afrontarlos de forma positiva y saludable.

Los adolescentes necesitan definir su personalidad, y muchas veces lo hacen a través de la oposición a las figuras referentes. Por tanto, mostrar cierta rebeldía durante esta etapa es completamente normal. Debemos permitirles explorar y formar sus propios criterios, en este caso la imposición jamás será el camino. Debemos confiar en que los valores que les hemos transmitido desde pequeños los ayudarán a discernir correctamente lo apropiado de lo indebido.

La adolescencia es un tiempo de gran confusión, a los jóvenes no sólo les cuesta asimilar los cambios en su cuerpo sino que tampoco entienden del todo las emociones que empiezan a experimentar. Debemos ofrecerles la posibilidad de hablar de aquello que los atemoriza o preocupa, sabiendo escucharlos sin juzgarlos o menospreciando lo que los atormenta, aprendiendo a preguntar sin insistencia y a aconsejar en vez de imponer.

No obstante, los adolescentes siguen necesitando un orden, unas pautas, una cierta disciplina. Se debaten entre una búsqueda incansable de independencia y simultáneamente una enorme necesidad de sentirse guiados, comprendidos, aprobados. Debemos enseñarles a ganarse poco a poco pequeñas parcelas de independencia asumiendo las responsabilidades que implica irse haciendo mayor.

No cabe duda que durante la adolescencia las emociones se viven con gran intensidad, y dado que el grupo de amigos es uno de los referentes más importantes casi todo lo que pase relacionado con el mismo es fuente de grandes altibajos emocionales. Si sabemos crear un clima de confianza, podemos ayudarlos a conectar lo que siente con el contexto en donde dichas emociones aparecen, de esta forma podrán entender mejor lo que les pasa, aprenderán a actuar en consecuencia valorando que alternativa es la mejor para responder a dicha situación y no guiándose simplemente por sus impulsos inmediatos.

Los adolescentes interpretan los tiempos de forma subjetiva, por tanto frente a las demandas que se les hacen o las obligaciones que deben cumplir asumen que tienen «todo el tiempo del mundo» para hacerlo, de manera que no dudan en postergarlo «para después». En cambio, cuando son ellos quienes tienen una necesidad viven la espera como una postergación eterna, lo quieren todo «ya». Debemos ayudarlos fijando tiempos límite que deben respetar a la hora de cumplir con sus obligaciones y hacerlos conscientes de los beneficios que obtienen cuando son capaces de organizarse bien o de las dificultades o malos resultados que se encuentran cuando no lo son, favoreciendo así que ellos mismos se vayan auto-regulando a partir de sus propias experiencias.
Finalmente, durante la adolescencia es habitual que los jóvenes pasen largos espacios de tiempo refugiados en sí mismos. También suelen experimentar sensación de aburrimiento o incluso apatía, todo ello producto de la situación de incertidumbre que están viviendo y que muchas veces los lleva a no saber qué hacer o tener deseos o emociones contradictorias. Debemos aprender a respetar ciertos espacios y tiempos “sagrados” para ellos, renunciando a la necesidad de querer saberlo todo y tener todo bajo control. Una vez más, es importante confiar y aprender a elegir las “batallas” que vale la pena librar.

Cierto es que para un padre/madre es difícil ver que su pequeño/a deja de serlo para convertirse en un ser diferente, con gustos e ideas propias y, en numerosas ocasiones, incluso contradictorias a las paternas. Aceptar que dejamos de ser los ídolos de nuestros hijos es parte del proceso de aprender a reconocer que somos seres falibles. No debemos temer admitir un error, no sólo es educativo para nuestros hijos sino que sin duda puede servirnos para conectar más con ellos. Y tampoco debemos temer perder nuestra autoridad aceptando negociar con ellos en caso de conflicto, es decir, establecer un pacto para llegar a un acuerdo que satisfaga ambas partes, puesto que no hay mejor manera de enseñarles a asumir una responsabilidad, a comprometerse y a esforzarse por conseguir lo que quieren.
La adolescencia supone un reto para los padres en lo que respecta a la crianza y educación de los hijos, sin embargo, si se asume de forma natural, con paciencia y amor, fortalece los lazos afectivos entre padres e hijos de por vida.



La Tolerancia en la Adicción a las Drogas


Este corto animado refleja de forma muy gráfica el proceso de tolerancia en la adicción a las drogas, de manera que el organismo desarrolla menor sensibilidad al efecto de una determinada sustancia cuando es consumida regularmente. 



Por tanto, el placer inicial que genera dicha sustancia es cada vez menos duradero e intenso, lo cual hace que el consumo sea cada vez mayor y más frecuente.

La tolerancia es un proceso clave para entender como se desarrolla la adicción a las drogas. Conocerlo nos ayuda a ser más conscientes del peligro real de las drogas, dado que nadie es capaz de saber en qué momento su organismo se hará menos sensible al efecto de la droga, tampoco nadie es capaz de controlar en qué momento un aparente inocente «coqueteo» con las drogas puede convertirse en una incapacitante adicción.



Abuso de las Redes Sociales

Es importante distinguir el buen uso del abuso de las nuevas tecnologías. Las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) nos permiten vincularnos a los demás pero a su vez pueden acabar aislándonos en la virtualidad y el anonimato. Un uso apropiado es aquel que permite al individuo seguir con su rutina diaria (comer, dormir, estudiar, hacer deporte, salir con los amigos, relacionarse con la familia, etc.). En cambio, el abuso se da cuando existe una inclinación desmedida hacia dicha actividad, el cual llevado al extremo puede llegar a convertirse en una adicción (entendida como pérdida de control, absorción mental e interferencia significativa en la vida cotidiana).

Las principales señales de alerta para detectar cuando una simple afición empieza a convertirse en una adicción son:
-Dormir menos de 5 horas para estar conectado el mayor tiempo posible a la red.
-Descuidar otras actividades importantes y rutinas diarias.
-Recibir quejas constantes en relación con el uso de Internet de alguien de la familia.
-Pensar en la red a todas horas y mostrar una irritación excesiva cuando la conexión falla o es lenta.
-Perder la noción del tiempo cuando se está conectado.
-Mentir sobre el tiempo real que se está conectado.
-Aislarse socialmente, mostrarse irritable, empeorar el rendimiento en los estudios.
-Sentir una euforia y activación exageradas cuando se está frente a la pantalla.

El uso abusivo de las nuevas tecnologías puede generar en los adolescentes ansiedad, irritabilidad, depresión y afectación de la autoestima. No obstante, la mayoría de las veces el abuso de las redes sociales suele ser una manifestación secundaria de otros problemas familiares, personales o psicopatológicos previos.

Para prevenir un uso inadecuado de las TIC se recomienda:
-Procurar situar el ordenador en un espacio de uso común de la casa.
-Elaborar una planificación horaria de las distintas tareas a realizar haciendo uso del ordenador.
-Limitar el tiempo de conexión, como máximo 1,5 horas, reduciendo la restricción los fines de semana. Si la conexión se realiza a través del móvil, limitar también el tiempo de uso del mismo.
-Revisar los contenidos visitados.
-Enseñarles a preservar su intimidad en la red.
-Fomentar las relaciones cara a cara con amigos y familiares.
-Potenciar aficiones como la lectura, el cine, practicar algún deporte o  hacer voluntariado.

En el caso de que exista una adicción a las redes sociales o dispositivos tecnológicos el objetivo terapéutico será el reaprendizaje de la conducta de una forma controlada, además de tratar los problemas subyacentes a la misma.

Si su hijo encaja con el perfil antes descrito consultar con un profesional para que éste realice la evaluación y diagnóstico correspondientes y determine el tipo de intervención más adecuado.

Referencias:
Echeburúa, Enrique. "Adictos a las nuevas tecnologías" Mente y Cerebro. Nº61, (Julio-Agosto 2013).