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Resiliencia: aprendiendo de las adversidades

La resiliencia es la capacidad de adaptarse, superar, aprender y crecer con las adversidades. La persona resiliente no está exenta del dolor, como cualquier otro ser humano sufre las consecuencias emocionales de las situaciones adversas que le han tocado vivir. Sin embargo su fortaleza radica en ser capaz, a pesar del sufrimiento de seguir teniendo una actitud positiva frente a la vida, de preservar por encima de todo la serenidad para analizar las cosas con perspectiva y de entender las malas experiencias como una fuente para el aprendizaje y el crecimiento personal. 

Son muchas las situaciones adversas que nos pueden hacer caer en la tristeza, la apatía, la incertidumbre, la inseguridad o incluso en la desesperación. No obstante, cuando se encadenan sucesos dolorosos o cuando experimentamos una vivencia tan daniña que llegue a ser devastadora para nuestra autoestima y confianza personal, es cuando es más necesario reformular nuestras prioridades y recurrir a nuestras fuentes de fortaleza interna para ser capaces de reponernos al dolor. Las personas resilientes han desarrollado la capacidad de superar el estrés y el malestar emocional derivados de experiencias dolorosas a fuerza de hacer frente a las mismas con serenidad, optimismo y perseverancia.

Ahora bien, ¿qué actitudes podemos potenciar para favorecer nuestra capacidad de responder de forma resiliente a las adversidades? Algunos hábitos que pueden aumentar nuestra fortaleza interior y proteger nuestra salud emocional son:

-Ser concientes de nuestras capacidades y limitaciones.

-Estar siempre dispuestos a mejorar y crecer como personas.

-Buscar el aprendizaje en las situaciones difíciles.

-Estar abiertos al cambio.

-No huir de las dificultades sino hacerles frente.

-Vivir las experiencias de forma realista pero con actitud positiva.

-Ser flexibles ante los imprevistos.

-Hacer uso del humor.

-Ser perseverantes con nuestros objetivos o metas.

-Contar con una red de apoyo (familia, amigos...).

-Aceptar que hay cosas que están fuera de nuestro control.

-Focalizar nuestros esfuerzos y energías en aquello que sí podemos controlar.

Los beneficios de intentar potenciar estas conductas en nuestro día a día son muchos. Desde, como ya hemos dicho, estar más equipados emocionalmente para enfrentarnos a una situación adversa; hasta mejorar nuestro estado de ánimo diario, nuestras relaciones interpersonales, nuestra autoestima y seguridad personal.

Por tanto, las personas resilientes suelen contar con cualidades que los hacen personas más felices y más agradables para las personas que los rodean. Suelen ser personas:

-Poco exigentes consigo mismos y con los demás.

-Optimistas.

-Solidarias.

-Resolutivas.

-Empáticas.

-Centradas en vivir el presente.

A lo largo de la historia de la humanidad existen un sinnúmero de ejemplos de personajes emblemáticos que han sabido sobreponerse a situaciones realmente devastadoras. Sin embargo, no hace falta pensar en grandes catástrofes o situaciones traumáticas para hablar de resiliencia. En nuestro día a día podemos observar incontables casos de personas resilientes que han sido capaces de desplegar la mejor versión de sí mismos a partir de una situación adversa como ser despedido del trabajo y quedarse en una situación económica precaria, pasar por una ruptura amorosa después de años de una relación seria y altamente comprometida, perder un ser querido...

Es por ello que, dado que son miles las circunstancias inesperadas que pueden desestabilizarnos, la educación emocional desde pequeños es vital. Debemos hablar de emociones, enseñar a nuestros niños cómo poder gestionar la rabia, la frustración, la tristeza y cómo hacer frente a los conflictos y no intentar huir de ellos. 

El siguiente vídeo refleja perfectamente lo difícil que puede resultar mantener una actitud serena y optimista frente a la adversidad, pero también lo importante que es ser capaces de hacerlo para poder empezar a encontrar nuevos caminos y no caer en la desesperación.


Escena de la película "En Busca de la Felicidad"



Acoso Escolar

El Acoso Escolar o Bullying es cualquier forma de maltrato físico o psicológico producido entre iguales tanto dentro como fuera del aula. Hablamos de Bullying cuando el acoso se produce de forma deliberada y repetida, es decir, no se trata de un hecho puntual. Las manifestaciones del acoso pueden ir desde insultos o mofas de tipo verbal hasta graves agresiones físicas. Tanto si las agresiones son físicas como si son verbales, suelen tener un importante efecto en la autoestima de la víctima; afectándola tanto en su rendimiento académico como en la forma de relacionarse con los demás. 

Los tres perfiles implicados en este tipo de violencia escolar son: el agresor, la víctima y los testigos.

El Agresor 
-Busca el reconocimiento del grupo a través de la humillación de la víctima.
-Necesita autoafirmarse como "el más fuerte" frente a los demás, en la mayoría de los casos porque presenta una baja autoestima y pocas experiencias de éxito personal que le permitan tener un buen autoconcepto de sí mismo.
-Es probable que cuente con pocos referentes adultos que lo guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suele carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Suele carecer de capacidad de autocontrol.
-Es probable que haya tenido modelos de violencia en el entorno familiar de manera que percibe la misma como una forma "normal" de relacionarse y satisfacer sus necesidades.

La Víctima
-Suele carecer de un grupo establecido de amigos en quiénes confiar y apoyarse.
-Es probable que carezca de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.
-Es probable que presente alguna particularidad a nivel físico o alguna dificultad a nivel funcional que viva con cierto complejo y, erróneamente, la haga creerse merecedora del rechazo de los demás.
-Es probable que presente una baja autoestima y poca seguridad en sí mismo/a, las cuáles manifiesta a través de una conducta tímida y cohibida que la convierten en un blanco fácil de mofas y abusos.

Los Testigos (que callan)
-Suelen carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Es probable que cuenten con pocos referentes adultos que los guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suelen necesitar también autoafirmarse debido a una baja autoestima y confianza en sus propias capacidades/habilidades. Para ello, se refugian bajo la figura de un líder con la idea que el estar a su lado los hace igual de "fuertes".
-Suelen tener miedo, de manera que se protegen de no ser víctimas también apoyando al agresor.
-Es probable que carezcan de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Los Testigos (que denuncian)
-Suelen contar con buenos referentes adultos que los guían y están pendientes de lo que sucede en los entornos donde se desarrollan.
-Suelen saber qué es el acoso escolar y son capaces de detectar los tipos de agresiones que implican.
-Suelen contar con una red de amigos importante en quiénes confiar y apoyarse.
-Suelen tener buenas habilidades sociales, una buena autoestima y confianza en sus capacidades/habilidades.
-Suelen contar con un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Estos son algunos de los perfiles habituales. No obstante, no necesariamente se cumplen en todos los casos. Por ejemplo, podemos encontrar víctimas que antes del acoso eran niños/adolescentes seguros de sí mismos, alegres y con una buena autoestima pero que frente a agresiones repetidas y continuadas y terribles amenazas se ven paralizados ante el miedo de tal forma que no son capaces de reaccionar ante el acoso ni tan siquiera atreviéndose a contárselo a alguien.

En este sentido, debemos tener en cuenta que el agresor/a persevera en el acoso cuando percibe en la víctima precisamente esa dificultad para hacer frente a la situación y aumenta la vulnerabilidad del agredido/a aislándolo/a del grupo de forma que cada vez le sea más difícil contar con apoyos para enfrentarse a él/ella. 

Señales de Alerta en las Víctimas
-Una vez iniciadas las diferentes formas de acoso el/la agredido/a tiende a comportarse con un "perfil bajo", de manera que evita relacionarse con los otros niños/adolescentes aumentando así su aislamiento.

-A causa de la alteración emocional que implica ser víctima de acoso escolar, suele disminuir significativamente la capacidad de atención en clase, la motivación y en general el rendimiento académico.

-Suele presentar negativas constantes para participar de las actividades extracurriculares de la escuela e incluso para asistir a la misma.

-Se ve seriamente afectada la autoestima y la confianza en las propias capacidades para cambiar aquellas cosas del propio entorno que no nos satisfacen o no nos hacen bien (Ver artículo sobre Indefensión Aprendida). Por tanto se muestra espantadizo/a y en estado de alerta constante.

-El estado anímico habitual suele ser de apatía y tristeza.

¿Cómo prevenir el Acoso Escolar?
-Hacer visibles las conductas que acompañan el acoso escolar: insultos, humillaciones, agresiones físicas... Hablar con los niños/adolescentes abiertamente de las mismas y de las consecuencias que tienen en las víctimas.

-Fomentar en los niños/adolescentes de habilidades comunicativas para poder expresar sus deseos y preferencias, pero también sus discrepancias o negativas de una forma asertiva; es decir, siendo capaces de defender su punto de vista sin mostrar agresividad cuando lo hace.

-Crear tanto en casa como en la escuela canales de comunicación a los cuales los niños y adolescentes puedan acudir con plena confianza y seguridad de que serán escuchados, comprendidos y apoyados.

-Fomentar en la escuela la vinculación emocional no sólo entre compañeros de la misma clase si no también entre clases de distintos niveles. 

En algunas escuelas de Cataluña se han iniciado con éxito proyectos de prevención del acoso escolar basados en fomentar la cooperación y la convivencia entre los alumnos. Un buen ejemplo es la iniciativa de que niños de niveles superiores "apadrinen" a niños más pequeños, de manera que cada niño cuente con un espacio y un compañero referente para poder hablar, pedir consejos y compartir, si fuese el caso, alguna mala experiencia. Los jóvenes padrinos cuentan a su vez con un maestro de referencia que irá haciendo el seguimiento de la relación entre ambos, guiará las ayudas y consejos que el padrino puede dar a su apadrinado y estará pendiente ante el mínimo signo de alerta, que a través de la información que le da el padrino, se pueda detectar de abuso.

Este sistema de autoregulación no sólo sirve por tanto, para detectar y prevenir posibles situaciones de abuso, sino para fomentar en los niños y adolescentes un espíritu de cooperación y ayuda mútua de manera que ante la mínima señal de abuso todos se sientan implicados y responsables de denunciar, evitando así que se repita cualquier forma de agresión entre iguales tanto dentro como fuera del entorno escolar.

Es importante destacar que, detectado un caso de abuso, la intervención de maestros y familias tiene que ir en tres sentidos:
-Apoyar a la víctima y proporcionarle el soporte emocional necesario para prevenir secuelas psicológicas derivadas del abuso.

-Proporcionar apoyo psicológico al agresor/a de manera que se traten las conductas agresivas y las problemáticas subyacentes que las originan. 

-Dar explicaciones al grupo-clase de los acontecimientos, reforzando positivamente la valentía de los que se han atrevido a denunciar y haciendo visibles las agresiones. No obstante, debemos tener claro que al censurar las agresiones hay que evitar estigmatizar al agresor/a ya que no debemos olvidar que se trata también de un/a menor, que necesita orientación y apoyo sociofamiliar urgente si se quiere prevenir la perpetuación de este tipo de conductas.

El siguiente vídeo musical está siendo utilizado en muchas escuelas para sensibilizar a los alumnos sobre la importancia de denunciar el abuso y ser capaces de empatizar con el sufrimiento del agredido/a. ¡Una manera clara, directa y pegadiza de animar a niños y jóvenes a no tener miedo!


Se Buscan Valientes - Langui



Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultar con un profesional. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.




Tipos de Motivación

La motivación es la fuerza que nos impulsa a iniciar, desarrollar y finalizar una determinada actividad relacionada con un objetivo o necesidad personal. 

La Pirámide de Maslow establece una jerarquía de las necesidades del ser humano, desde las más básicas (necesidades fisiológicas y de seguridad) hasta las más complejas (necesidades de afilición y reconocimiento). Según Maslow la motivación final del ser humano es el desarrollo personal, es decir, la autorealización, a la cual ninguna persona puede acceder sin antes haber cubierto necesidades inferiores.


Es por tanto, la motivación de ir cubriendo cada una de dichas necesidades lo que mueve a las personas a desenvolverse y desarrollarse tanto a nivel personal como social.

Ahora bien, podemos hablar de varios tipos de motivación dependiendo de qué es aquello que nos moviliza. De esta manera encontraremos varias formas de clasificarla. 

Dependiendo si aquello que nos mueve es un factor externo o interno:
Motivación Extrínseca: aquella en la que el individuo se moviliza por una recompensa externa como por ejemplo: obtener un beneficio económico, reconocimiento, estatus, etc.

Motivación Intrínseca: aquella relacionada con el deseo del propio individuo de desarrollarse y mejorar a nivel personal, laboral o social.

Dependiendo de si lo que nos mueve es la búsqueda o la evitación de una determinada consecuencia: 
Motivación Positiva: cuando lo que mueve a la persona es la obtención de un beneficio que le es placentero.

Motivación Negativa: cuando el individuo se moviliza para intentar evitar una consecuencia desagradable, ya sea externa (castigo, pérdida de un privilegio, burla...) o interna (sensación de fracaso, frustración, decepción...).

Dependiendo del factor principal que nos motiva y prevalece en nuestra toma de decisiones:
Motivación Racional: cuando elegimos basados en lo que racionalmente es más útil, práctico o favorable.

Motivación Emocional: cuando elegimos guiados por el benefico o perjuicio emocional que nos supone.




Como podréis ver estos seis tipos de motivación no son excluyentes entre sí, ya que podemos encontrarnos con combinaciones como por ejemplo:
Motivación extrínseca, negativa, racional: Hago los deberes porque de lo contrario mis padres no me darán la semanada.

Motivación intrínseca, positiva, emocional: Práctico mi guión porque quiero sentirme satisfecho/a conmigo mismo/a el día de la presentación.

Motivación intrínseca, negativa, racional: Limpio la casa porque no quiero que vuelvan a anidar las cucarachas.

Motivación extrínseca, positiva, racional: Trabajo duro para ser un/a posible candidato/a al ascenso de mi empresa.

Motivación extrínseca, negativa, emocional: Intento ser paciente para evitar que mi pareja se enfade y acabemos en una discusión de aquellas que luego me hace sentir incómodo/a, nervioso/a y angustiado/a.


Cualquiera de estos factores motivacionales tendrá un impacto determinante en nuestra conducta. Sin embargo es sin duda, la motivación intrínseca (y las combinaciones con ésta) la que moviliza a las personas de manera más profunda y duradera, ya que no depende de factores externos sino que está directamente relacionada con las necesidades y características propias de cada individuo.

Por lo tanto, para fomentar la motivación de las personas será importante:
-Valorar siempre el esfuerzo por encima del logro.
-Definir claramente el objetivo a conseguir.
-Establecer una meta realista.
-Asegurarnos que la tarea sea enriquecedora a nivel personal para el individuo.
-Evidenciar las pérdidas/perjuicios a nivel personal que puede implicar no conseguir el objetivo marcado.
-Si se trata de una meta compleja dividirla en etapas.
-Establecer plazos no muy largos de tiempo para alcanzar los objetivos en cada una de las etapas de la meta.
-Celebrar cada pequeño paso que nos acerque al objetivo.







¿Por qué no somos capaces de reaccionar ante algunas de las situaciones que vivimos?


La Indefensión Aprendida (IA) es una creencia aprendida que nos hace pensar que nuestros actos no tendrán ninguna influencia sobre las situaciones que experimentamos, de modo que estamos supeditados a las circunstancias que se nos presenten sin posibilidad alguna de cambiarlas. Esta creencia errónea limita nuestra conducta y afecta significativamente nuestro estado de ánimo.

El psicólogo Martin Seligman estableció esta teoría a partir del estudio del comportamiento animal, con la intención de explicar que impide a algunas personas reaccionar frente a determinadas situaciones, especialmente aquellas que son difíciles o dolorosas.
Seligman realizó experimentos con dos perros en una jaula, a los que se les daba choques eléctricos. Uno tenía la posibilidad de cortar la corriente con un golpe de hocico pero el otro no. El primero se mantuvo la alerta con energía, mientras que el otro, se mostró nervioso, asustado e inclusive con síntomas de depresión. Cuando cambiaron las condiciones y ya tenía la posibilidad de cortar la corriente no lo hizo, había aprendido que “no podía hacer nada para cambiar la situación”, su actitud era de total desesperanza e indefensión.

De igual manera, se considera que una persona presenta IA cuando ha aprendido a comportarse pasivamente, negándose a responder o a intentar cambiar a su favor las circunstancias adversas que se le presentan. Este aprendizaje es producto de experiencias en las que el individuo ha percibido la sensación de una total ausencia de control sobre el resultado de las situaciones.
La IA genera tres efectos nocivos en las personas:
-Déficit motivacional para emitir nuevas respuestas.
-Déficit cognitivo para aprender que las respuestas controlan los resultados.
-Alteraciones emocionales basadas en el miedo y la depresión.
La persona que presenta IA se encontrará frustrado, impotente, desesperanzado, con baja autoestima y poca seguridad en sí mismo pensando que no hay opción alguna de éxito o vía de escape posible. La resignación es la emoción que apacigua el malestar pero no evita la sensación de insatisfacción o infelicidad.
Son muchas las situaciones que pueden provocar este fenómeno psicológico en una persona: cualquier tipo de maltrato persistente ya sea físico o verbal, el acoso escolar o bullying, el acoso laboral o mobbing, constantes experiencias de fracaso, etc.
Ahora bien, ¿qué se puede hacer para enfrentar este sentimiento de indefensión y conseguir superarlo?
El individuo ha aprendido a responder de forma pasiva, sintiéndose invalidado, anulado, incapaz. Debemos por tanto reestructurar la forma de ver las cosas: ampliando la perspectiva, centrando la atención en las experiencias positivas y de éxito que seguro existen en otras áreas diferentes a la afectada, fortaleciendo la autoestima, aprendiendo a buscar alternativas de solución a los problemas o dificultades y estando dispuestos a ponerlas a prueba sin dejarnos llevar por el desánimo si éstas no funcionan a la primera. 
El siguiente vídeo muestra cómo se puede llegar a inducir un sentimiento de indefensión a partir de experiencias sucesivas de fracaso que al individuo le resultan incomprensibles y en las que se encuentra totalmente impotente.

Indefensión Aprendida
Una profesora es capaz de inducir indefensión aprendida a un grupo de alumnos en sólo cinco minutos.

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¿Qué es la Dependencia Emocional?


La vinculación afectiva establecida durante la infancia es fundamental para desarrollar una alta autoestima y está a su vez lo es para establecer relaciones sociales y de pareja saludables. 
Nuestras relaciones de pareja deberían servir siempre de acicate para desarrollar nuestras capacidades, proporcionándonos bienestar y disfrute y no por el contrario, limitándonos o haciéndonos infelices.

Para establecer una relación de pareja saludable, es imprescindible estar bien con uno mismo, sabernos seres completos y sentirnos confiados, cómodos y seguros con nuestra independencia. Por lo tanto, el otro no debe ser visto jamás como una tabla de salvación, un refugio, una compensación a mis carencias o un gurú cuyos mandatos y recomendaciones seguir a pie juntillas. El otro siempre debe ser aquel en el que reconozco cualidades que me atraen, con quien elijo estar no porque lo necesite para sentirme complet@ sino porque me apetece compartir el camino con alguien que me aporta bienestar.

De esta manera, una relación de pareja sana se caracterizará porque en ella existe: 
-Reciprocidad
-Confianza
-Transparencia
-Diálogo fluido
-Comunicación Asertiva
-Admiración mutua
-Aceptación
-Propósitos de vida en común
-Valores y principios compartidos
-Compromiso con la relación de pareja
-Espacios de intimidad compartidos (conocer las aspiraciones, actividades, preocupaciones del otro, ser cómplices, ser amigos).
-Pasión


Cierto es que quizás la mayoría de las relaciones no cumplan cada una de las características antes mencionadas, lo importante es estar en el camino de conseguirlo, creer que es ese el tipo de relación que queremos tener: una relación basada en la confianza y la igualdad, con alguien con quien podemos ser quienes realmente somos y con quien compartimos valores, intereses y metas.



Ahora bien, ¿qué podemos hacer para evitar enfrascarnos en relaciones de pareja tóxicas? 

Para saber elegir debemos plantearnos previamente qué es lo que buscamos en el otro, cuáles son las características y valores que consideramos son imprescindibles en una pareja.

Si conocemos alguien que en principio encaja con este perfil debemos ir poco a poco en la relación y con los «pies en la tierra». No se trata de ser desconfiado sino de ser capaces de disfrutar del descubrimiento del otro sin idealizarlo ni saltarnos etapas.

Ante señales de actitudes o formas de funcionar que no encajan con nuestra idea de pareja no debemos temer hablarlo y sobre todo no debemos caer en el error de justificarlas o pensar que seremos los artífices del cambio. 


Por lo tanto, una relación de pareja NO es saludable cuando:

-Tu pareja te habla mal, te insulta, te menosprecia o te falta el respeto; es decir, cuando existe maltrato psicológico.
-Tu pareja te miente, te oculta cosas.
-Son más los días de sufrimiento que los de dicha a su lado.
-Has dejado de ser quien eras, te sientes anulad@.


-No eres feliz, no te sientes realizad@.



-No tenéis proyectos comunes, no compartís tiempo o aficiones.



-Te sientes sometid@, tu pareja te dice qué hacer y cómo hacerlo.



-No es posible hablar con tu pareja y explicarle cómo te sientes, lo que quieres, lo que piensas...



-Eres consciente que tienes muchas razones para cortar con la relación pero algo te impide hacerlo.



-Si la relación es un constante ir y venir de rupturas y reconciliaciones que parece no tener fin. 

Entonces, ¿cuándo consideramos que existe dependencia emocional?
Hablamos de dependencia emocional cuando un miembro de la pareja o incluso ambos son incapaces de cortar dicha relación, aún siendo plenamente conscientes de lo perjudicial que les resulta mantenerla.
De esta manera, algunas conductas que podemos encontrar en el dependiente emocional serán:
-Aferrarse a toda costa a los pocos momentos felices, ignorando o justificando los infelices.
-Conformarse con una vida insatisfactoria y poco estimulante, resignándose a no aspirar a más por miedo a enfrentarse al cambio.


-Someterse y aceptar malos tratos y humillaciones como parte del día a día.
-Esmerarse frenéticamente en complacer al otro y adaptarnos a sus deseos y necesidades, renunciando a las propias.
-Experimentar una sensación de decepción cada vez mayor.
-Querer creer ciegamente en las palabras del otro, aunque sus actos demuestren lo contrario.
-Acceder a vivir una relación inestable debido a las constantes dudas del otro respecto a la relación.
-Centrar todo su tiempo, atención y esmero a la persona amada y a su relación con ésta, perdiendo vinculación con familiares y amigos y privándose de ciertas experiencias sociales.
-No concebir la vida sin el otro. Experimentar una necesidad extrema de él, desear que él también lo necesite y le haga sentir que es su prioridad.
-Sentir pánico al pensar en perder al otro, no verse capaz de afrontar una nueva vida sin él.
-Experimentar estados ansiosos, alteraciones del sueño e incluso de la alimentación debido al estrés constante que le supone la relación.
-Enfadarse con cualquiera que intente «abrirle los ojos», aconsejarle, ayudarle a ser más crítico y objetivo al valorar la relación.
-Anclarse en la esperanza de que el otro cambiará, de que él/ella conseguirá cambiarlo y transformarlo en la persona que necesita para ser feliz.

En conclusión, la dependencia es consecuencia principalmente de: 
-Tener una baja autoestima, es decir un autoconcepto y valoración negativos de nosotros mismos, lo cual nos genera inseguridad y necesidad de buscar en otros la compensación a nuestras carencias.
-Temer a la soledad. No saber disfrutar de nuestra libertad, autonomía, independencia.
-Tener creencias erróneas respecto al amor y las relaciones de pareja («en el amor es normal sufrir», «hay que aguantar y no abandonar a la primera», «el matrimonio es para toda la vida», etc.).
Pero, ¿es posible superar la dependencia emocional? ¡Por supuesto! Aunque para ello será necesario:
-Tomar consciencia de la realidad. Ser sinceros con nosotros mismos y aceptar las sombras de nuestra relación por duro que sea.
-Dejar de aferrarnos a un cambio imaginario y preguntarnos si realmente queremos vivir una vida así de insatisfactoria el resto de nuestra vida.
-Preguntarnos para qué sigo con esta relación, es decir, qué finalidad vital me ayuda a perseguir.
-Conocernos mejor, aprender a aceptarnos y empezar a querernos, reafirmándonos en nuestras necesidades, deseos y valores y asumiendo la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones.
-No dejarnos contaminar por pensamientos catastróficos. 
-Y sobre todo, mantener distancia total para darnos el tiempo y espacio necesarios para olvidar al otro, centrarnos en nosotros mismos y rehacer nuestras vidas.

Referencias:
Congost, Silvia (2013): Cuando amar demasiado es depender.Barcelona: Editorial Oniro.

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¿Cómo fomentar la autoestima de nuestros hijos?

La Autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos. Es decir, a partir del autoconcepto que tenemos de quiénes somos nos sentiremos más o menos satisfechos con nosotros mismos. 

En la conformación de la autoestima, influyen factores personales (la imagen corporal, las habilidades físicas, intelectuales, artísticas y sociales), factores interpersonales (el concepto que percibimos tienen de nosotros nuestros padres, hermanos, maestros, amigos, etc.) y factores sociales (los valores culturales y creencias presentes en la sociedad en la que crecemos).

De esta manera, según los estándares del medio en el que nos desarrollamos, nuestras experiencias interpersonales y nuestra autopercepción y nivel de autoexigencia desarrollaremos una baja o alta autoestima, la cual condicionará a su vez nuestra  manera de comportarnos y relacionarnos con nuestro entorno.

La autoestima, se empieza a forjar en las primeras etapas del desarrollo, dependiendo directamente de la vinculación emocional con  los padres y adultos referentes. En este sentido, para garantizar un desarrollo integral, los niños deberán ser atendidos no sólo a nivel fisiológico sino también emocional. No obstante, no es sino a partir de los 5-6 años cuando se empieza a formar un concepto de cómo nos ven los demás (padres, maestros, compañeros...).

Cuando un niño tiene buena autoestima se ve a sí mismo valioso y capaz. De esta  manera, se relaciona y comunica con seguridad con los demás, disfruta de las experiencias sociales, no se siente mal al no saber algo y tener que pedir ayuda y asume los aprendizajes y responsabilidades con buena disposición y agrado. Un niño con baja autoestima, en cambio, no se siente seguro de sí mismo, lo cual hace que se muestre tímido, desmotivado y en ocasiones agresivo o desafiante. Dichas conductas aumentan aún más la distancia con los demás y las valoraciones negativas de los otros hacia él, de manera que su autoestima queda aún más resentida.

El siguiente cuadro muestra de forma muy clara cuáles suelen ser las conductas asociadas a una alta/baja autoestima.



Ahora bien, ¿qué podemos hacer para fortalecer la autoestima de nuestros hijos?

-Evitar hacer comparaciones entre hermanos, dado que en toda comparación siempre alguno de ellos saldrá perdiendo. Los niños deben aprender a mejorar sus dificultades teniendo como motivación superarse a sí mismos y no midiéndose con alguien más.

-No culpabilizarlos ante errores o conductas inadecuadas. Corregirlos haciéndoles saber cuáles son las conductas que esperamos de ellos.

-No ridiculizarlos jamás, menos aún delante de extraños.

-Felicitarlos verbalmente cuando hacen las cosas bien, valorando el esfuerzo por encima del logro.

-Asignarles pequeñas, tareas o responsabilidades en casa, que supongan para ellos un cierto reto que los haga sentirse satisfechos consigo mismos al conquistar trocitos de autonomía.

-No exigirles cosas que aún no estén capacitados para hacer.

-Frente a nuevos aprendizajes, ofrecerles la ayuda necesaria e ir disminuyendo la misma para favorecer la autonomía del niño.

-Permitirles que vayan haciendo pequeñas elecciones en el día a día entre dos o tres opciones determinadas por vosotros (elegir que camiseta me pongo hoy, que quiero de postre, etc.).

-Enseñarles a no temer o tener vergüenza de pedir ayudar cuando la necesiten.

-No desestimar sus opiniones o ideas sin más. Escucharlos y explicarles según sea el caso si se puede o no hacer lo que piden. Se trata de que los niños perciban que su opinión también se tiene en cuenta aunque al final se haga lo que decidan los adultos.

-Contestar a sus preguntas, adecuando la profundidad y el detalle de la respuesta a la edad y capacidad de comprensión del niño.

-Jugar y realizar actividades con ellos y aprovechar las experiencias positivas que se deriven del mismo para potenciar la confianza de nuestros niños en sus capacidades/habilidades.

-Fomentar sus intereses y habilidades.

-Fomentar el contacto y las relaciones positivas con otros miembros de la familia.

-Acariciarlos, abrazarlos, besarlos, decirles que los queremos. La próximidad física es fundamental para afianzar el vínculo afectivo y crear seres humanos sensibles que disfruten relacionándose con los demás.


No debemos olvidar que la manera más directa de educar a nuestros hijos es a través del ejemplo, por tanto nuestro discurso debe procurar ir al compás de nuestros actos. Si intentamos enseñarles a ser positivos, a intentar mejorar pero sin sucumbir a la autoexigencia, a disfrutar de las experiencias más allá de los resultados, deberíamos plantearnos intentar vivir nosotros también de la misma manera...su autoestima -y la nuestra- nos lo agradecerán!