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Acoso Escolar

El Acoso Escolar o Bullying es cualquier forma de maltrato físico o psicológico producido entre iguales tanto dentro como fuera del aula. Hablamos de Bullying cuando el acoso se produce de forma deliberada y repetida, es decir, no se trata de un hecho puntual. Las manifestaciones del acoso pueden ir desde insultos o mofas de tipo verbal hasta graves agresiones físicas. Tanto si las agresiones son físicas como si son verbales, suelen tener un importante efecto en la autoestima de la víctima; afectándola tanto en su rendimiento académico como en la forma de relacionarse con los demás. 

Los tres perfiles implicados en este tipo de violencia escolar son: el agresor, la víctima y los testigos.

El Agresor 
-Busca el reconocimiento del grupo a través de la humillación de la víctima.
-Necesita autoafirmarse como "el más fuerte" frente a los demás, en la mayoría de los casos porque presenta una baja autoestima y pocas experiencias de éxito personal que le permitan tener un buen autoconcepto de sí mismo.
-Es probable que cuente con pocos referentes adultos que lo guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suele carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Suele carecer de capacidad de autocontrol.
-Es probable que haya tenido modelos de violencia en el entorno familiar de manera que percibe la misma como una forma "normal" de relacionarse y satisfacer sus necesidades.

La Víctima
-Suele carecer de un grupo establecido de amigos en quiénes confiar y apoyarse.
-Es probable que carezca de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.
-Es probable que presente alguna particularidad a nivel físico o alguna dificultad a nivel funcional que viva con cierto complejo y, erróneamente, la haga creerse merecedora del rechazo de los demás.
-Es probable que presente una baja autoestima y poca seguridad en sí mismo/a, las cuáles manifiesta a través de una conducta tímida y cohibida que la convierten en un blanco fácil de mofas y abusos.

Los Testigos (que callan)
-Suelen carecer de habilidades sociales para relacionarse y comunicarse de forma asertiva con los demás.
-Es probable que cuenten con pocos referentes adultos que los guíen y estén pendientes de su desarrollo.
-Suelen necesitar también autoafirmarse debido a una baja autoestima y confianza en sus propias capacidades/habilidades. Para ello, se refugian bajo la figura de un líder con la idea que el estar a su lado los hace igual de "fuertes".
-Suelen tener miedo, de manera que se protegen de no ser víctimas también apoyando al agresor.
-Es probable que carezcan de un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Los Testigos (que denuncian)
-Suelen contar con buenos referentes adultos que los guían y están pendientes de lo que sucede en los entornos donde se desarrollan.
-Suelen saber qué es el acoso escolar y son capaces de detectar los tipos de agresiones que implican.
-Suelen contar con una red de amigos importante en quiénes confiar y apoyarse.
-Suelen tener buenas habilidades sociales, una buena autoestima y confianza en sus capacidades/habilidades.
-Suelen contar con un canal de comunicación seguro y de confianza con algún adulto de su entorno sociofamiliar.

Estos son algunos de los perfiles habituales. No obstante, no necesariamente se cumplen en todos los casos. Por ejemplo, podemos encontrar víctimas que antes del acoso eran niños/adolescentes seguros de sí mismos, alegres y con una buena autoestima pero que frente a agresiones repetidas y continuadas y terribles amenazas se ven paralizados ante el miedo de tal forma que no son capaces de reaccionar ante el acoso ni tan siquiera atreviéndose a contárselo a alguien.

En este sentido, debemos tener en cuenta que el agresor/a persevera en el acoso cuando percibe en la víctima precisamente esa dificultad para hacer frente a la situación y aumenta la vulnerabilidad del agredido/a aislándolo/a del grupo de forma que cada vez le sea más difícil contar con apoyos para enfrentarse a él/ella. 

Señales de Alerta en las Víctimas
-Una vez iniciadas las diferentes formas de acoso el/la agredido/a tiende a comportarse con un "perfil bajo", de manera que evita relacionarse con los otros niños/adolescentes aumentando así su aislamiento.

-A causa de la alteración emocional que implica ser víctima de acoso escolar, suele disminuir significativamente la capacidad de atención en clase, la motivación y en general el rendimiento académico.

-Suele presentar negativas constantes para participar de las actividades extracurriculares de la escuela e incluso para asistir a la misma.

-Se ve seriamente afectada la autoestima y la confianza en las propias capacidades para cambiar aquellas cosas del propio entorno que no nos satisfacen o no nos hacen bien (Ver artículo sobre Indefensión Aprendida). Por tanto se muestra espantadizo/a y en estado de alerta constante.

-El estado anímico habitual suele ser de apatía y tristeza.

¿Cómo prevenir el Acoso Escolar?
-Hacer visibles las conductas que acompañan el acoso escolar: insultos, humillaciones, agresiones físicas... Hablar con los niños/adolescentes abiertamente de las mismas y de las consecuencias que tienen en las víctimas.

-Fomentar en los niños/adolescentes de habilidades comunicativas para poder expresar sus deseos y preferencias, pero también sus discrepancias o negativas de una forma asertiva; es decir, siendo capaces de defender su punto de vista sin mostrar agresividad cuando lo hace.

-Crear tanto en casa como en la escuela canales de comunicación a los cuales los niños y adolescentes puedan acudir con plena confianza y seguridad de que serán escuchados, comprendidos y apoyados.

-Fomentar en la escuela la vinculación emocional no sólo entre compañeros de la misma clase si no también entre clases de distintos niveles. 

En algunas escuelas de Cataluña se han iniciado con éxito proyectos de prevención del acoso escolar basados en fomentar la cooperación y la convivencia entre los alumnos. Un buen ejemplo es la iniciativa de que niños de niveles superiores "apadrinen" a niños más pequeños, de manera que cada niño cuente con un espacio y un compañero referente para poder hablar, pedir consejos y compartir, si fuese el caso, alguna mala experiencia. Los jóvenes padrinos cuentan a su vez con un maestro de referencia que irá haciendo el seguimiento de la relación entre ambos, guiará las ayudas y consejos que el padrino puede dar a su apadrinado y estará pendiente ante el mínimo signo de alerta, que a través de la información que le da el padrino, se pueda detectar de abuso.

Este sistema de autoregulación no sólo sirve por tanto, para detectar y prevenir posibles situaciones de abuso, sino para fomentar en los niños y adolescentes un espíritu de cooperación y ayuda mútua de manera que ante la mínima señal de abuso todos se sientan implicados y responsables de denunciar, evitando así que se repita cualquier forma de agresión entre iguales tanto dentro como fuera del entorno escolar.

Es importante destacar que, detectado un caso de abuso, la intervención de maestros y familias tiene que ir en tres sentidos:
-Apoyar a la víctima y proporcionarle el soporte emocional necesario para prevenir secuelas psicológicas derivadas del abuso.

-Proporcionar apoyo psicológico al agresor/a de manera que se traten las conductas agresivas y las problemáticas subyacentes que las originan. 

-Dar explicaciones al grupo-clase de los acontecimientos, reforzando positivamente la valentía de los que se han atrevido a denunciar y haciendo visibles las agresiones. No obstante, debemos tener claro que al censurar las agresiones hay que evitar estigmatizar al agresor/a ya que no debemos olvidar que se trata también de un/a menor, que necesita orientación y apoyo sociofamiliar urgente si se quiere prevenir la perpetuación de este tipo de conductas.

El siguiente vídeo musical está siendo utilizado en muchas escuelas para sensibilizar a los alumnos sobre la importancia de denunciar el abuso y ser capaces de empatizar con el sufrimiento del agredido/a. ¡Una manera clara, directa y pegadiza de animar a niños y jóvenes a no tener miedo!


Se Buscan Valientes - Langui



Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultar con un profesional. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.




¿Por qué no somos capaces de reaccionar ante algunas de las situaciones que vivimos?


La Indefensión Aprendida (IA) es una creencia aprendida que nos hace pensar que nuestros actos no tendrán ninguna influencia sobre las situaciones que experimentamos, de modo que estamos supeditados a las circunstancias que se nos presenten sin posibilidad alguna de cambiarlas. Esta creencia errónea limita nuestra conducta y afecta significativamente nuestro estado de ánimo.

El psicólogo Martin Seligman estableció esta teoría a partir del estudio del comportamiento animal, con la intención de explicar que impide a algunas personas reaccionar frente a determinadas situaciones, especialmente aquellas que son difíciles o dolorosas.
Seligman realizó experimentos con dos perros en una jaula, a los que se les daba choques eléctricos. Uno tenía la posibilidad de cortar la corriente con un golpe de hocico pero el otro no. El primero se mantuvo la alerta con energía, mientras que el otro, se mostró nervioso, asustado e inclusive con síntomas de depresión. Cuando cambiaron las condiciones y ya tenía la posibilidad de cortar la corriente no lo hizo, había aprendido que “no podía hacer nada para cambiar la situación”, su actitud era de total desesperanza e indefensión.

De igual manera, se considera que una persona presenta IA cuando ha aprendido a comportarse pasivamente, negándose a responder o a intentar cambiar a su favor las circunstancias adversas que se le presentan. Este aprendizaje es producto de experiencias en las que el individuo ha percibido la sensación de una total ausencia de control sobre el resultado de las situaciones.
La IA genera tres efectos nocivos en las personas:
-Déficit motivacional para emitir nuevas respuestas.
-Déficit cognitivo para aprender que las respuestas controlan los resultados.
-Alteraciones emocionales basadas en el miedo y la depresión.
La persona que presenta IA se encontrará frustrado, impotente, desesperanzado, con baja autoestima y poca seguridad en sí mismo pensando que no hay opción alguna de éxito o vía de escape posible. La resignación es la emoción que apacigua el malestar pero no evita la sensación de insatisfacción o infelicidad.
Son muchas las situaciones que pueden provocar este fenómeno psicológico en una persona: cualquier tipo de maltrato persistente ya sea físico o verbal, el acoso escolar o bullying, el acoso laboral o mobbing, constantes experiencias de fracaso, etc.
Ahora bien, ¿qué se puede hacer para enfrentar este sentimiento de indefensión y conseguir superarlo?
El individuo ha aprendido a responder de forma pasiva, sintiéndose invalidado, anulado, incapaz. Debemos por tanto reestructurar la forma de ver las cosas: ampliando la perspectiva, centrando la atención en las experiencias positivas y de éxito que seguro existen en otras áreas diferentes a la afectada, fortaleciendo la autoestima, aprendiendo a buscar alternativas de solución a los problemas o dificultades y estando dispuestos a ponerlas a prueba sin dejarnos llevar por el desánimo si éstas no funcionan a la primera. 
El siguiente vídeo muestra cómo se puede llegar a inducir un sentimiento de indefensión a partir de experiencias sucesivas de fracaso que al individuo le resultan incomprensibles y en las que se encuentra totalmente impotente.

Indefensión Aprendida
Una profesora es capaz de inducir indefensión aprendida a un grupo de alumnos en sólo cinco minutos.

Si crees que tú mismo o alguien cercano a ti presenta un perfil similar al aquí descrito, no dudes en consultar con un profesional. Una evaluación individualizada permitirá establecer la intervención más apropiada para iniciar el proceso de recuperación.

Trastorno del Procesamiento Sensorial

La integración sensorial es la capacidad del sistema nervioso para interpretar la información percibida por los sentidos y generar respuestas inmediatas y acordes a los estímulos recibidos. De esta manera, cuando existe un Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS) el niño tendrá dificultades para identificar e integrar los estímulos auditivos, visuales, táctiles, gustativos, olfativos, propioceptivos y vestibulares recibidos, lo cual condicionará también su conducta y en muchos casos limitará su interacción con el medio que lo rodea.

La teoría de la integración sensorial la describe la misma como un proceso neurológico que organiza e integra la información sensorial recibida tanto a nivel interno (a partir de nuestro propio cuerpo) como a nivel externo (a partir de los sentidos. Esta teoría fue desarrollada en la década de los 60 por la terapeuta ocupacional Anna Jean Ayres, y está basada en la idea de que las habilidades perceptivas y motoras del niño se relacionan directamente con el comportamiento del mismo. Ayres, a través de la observación de niños que presentaban alteraciones en su desarrollo, aprendizaje e incluso en el área emocional establece que “cuantas más experiencias sensoriales de calidad tengo o recibo de mi entorno y de mi cuerpo, más aprendo de estos y por tanto mejor me relaciono con ambos; cuantas menos experiencias o más negativas tengo o recibo, menos conozco de mi cuerpo y entorno, y por tanto más dificultades tengo para interrelacionarse con los mismos”.

El TPS suele afectar a niños con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo) a nivel de alteración de la capacidad de modulación sensorial, de la discriminación sensorial y presencia de dispraxia.

La disfunción de la modulación sensorial es la incapacidad para regular las respuestas a la estimulación cotidiana (sonidos, texturas, gustos…). Los estímulos son recibidos por el niño con muy alta (hipersensibilidad) o muy baja intensidad (hiposensibilidad), lo cual provoca en el primer caso un rechazo a determinados estímulos que se perciben como amenazantes y, en el segundo, una búsqueda y necesidad de estímulos más intensos.

La disfunción de la discriminación sensorial es la dificultad para diferenciar la información sensorial recibida, de manera que el niño no siempre comprende las experiencias sensoriales que a percibe a través de los sentidos.

La dispraxia hace referencia a la dificultad para planificar y ejecutar actos motores, sin que exista un trastorno neurológico que la explique. Los niños con TEA suelen presentar grandes dificultades a nivel de psicomotridad fina y gruesa.

La detección e intervención del TPS supone grandes progresos para el infante que se traducen en adquisición de aprendizajes, aumento de la autonomía personal y reducción de la ansiedad -y por tanto de los conflictos y problemas de conducta asociados.

¿Cuáles son las características que suelen presentar los niños con un Trastorno del Procesamiento Sensorial?
 De 0 a 36 meses:
-Alteraciones en la alimentación o el sueño.
-Incomodidad con la ropa: se muestra irritable cuando lo visten.
-Poco interés por jugar con juguetes.
-Resistencia a ser llevado en brazos: curva la espalda cuando lo alzan.
-Torpeza y lentitud motriz.

De 3 a 5 años:
-Gran sensibilidad al tacto, ruidos, olores u otras sensaciones.
-Poca capacidad de atención y concentración: se distrae con facilidad.
-Excesiva actividad motora: tiene dificultades para permanecer quieto durante un corto periodo de tiempo.
-En ocasiones se muestra irritable, agresivo.
-Alteraciones en la alimentación y el sueño.
-Dificultad para consolidar metas de autonomía personal acordes a su edad (vestirse solo, controlar esfínteres, cepillarse los dientes, etc.).
-Dificultad para relacionarse con los demás.
-Deficientes habilidades motoras y baja tonicidad corporal.
-Resistencia al cambio de actividades, rutinas, personas.

De 5 a 12 años:
-Gran sensibilidad al tacto, ruidos, olores u otras sensaciones.
-Poca capacidad de atención y concentración: se distrae con facilidad.
-Excesiva actividad motora: tiene dificultades para permanecer quieto durante un corto periodo de tiempo.
-En ocasiones se muestra irritable, agresivo.
-Se muestra angustiado ante una sobrecarga de estímulos.
-Deficiente habilidad en la motricidad fina, lo cual le dificultad aprender a escribir.
-Dificultad para hacer amigos.
-Insensibilidad al propio dolor y al de los demás.

Adolescencia y Adultez:
-Gran sensibilidad al tacto, ruidos, olores u otras sensaciones y al contacto con otras personas.
-Baja autoestima e inseguridad a la hora de iniciar nuevas actividades y relaciones sociales.
-Lentitud y torpeza motriz.
-Impulsividad y baja capacidad atencional.

Como ya hemos dicho antes, podemos clasificar a los individuos que presentan TPS en dos grandes grupos: los hipersensibles y los hiposensibles. No obstante, es posible encontrar variaciones en cada modalidad sensorial; de forma que un niño puede ser, por ejemplo, hipersensible a los estímulos auditivos mientras que es hiposensible a los táctiles.

Los hipersensibles: es decir, cuando una mínima estimulación basta para ser cargante y atemorizante para el niño.

Hipersensibilidad táctil: el niño evitará el contacto con ciertos objetos, sentirá rechazo por determinadas texturas. Evitará el uso de las manos y la boca para explorar. En ocasiones caminará de puntillas para evitar el contacto de los pies descalzos con la superficie que pisa. Presentará una reacción de cosquilleo exagerada cuando es tocado y cierta irritabilidad en las rutinas del baño, del vestido o ante el contacto físico con otras personas.

Hipersensibilidad gustativa y olfativa: el niño se muestra muy sensible a las diferentes texturas y temperaturas de la comida, de manera que rechaza probar nuevos alimentos, sobre todo sólidos. Muestra reacciones a los diferentes olores del ambiente.

Hipersensibilidad visual: el niño se sobreexcita ante una sobrecarga estímulos visuales, evita la mirada y muestra parpadeo constante. Se muestra muy sensible al sol o a la luz brillante.

Hipersensibilidad auditiva: el niño se muestra muy sensible a los estímulos auditivos intensos, llegando a taparse los oídos con las manos o a hacer voces y ruidos para dejar de oírlos.

Hipersensibilidad vestibular: el niño se muestra reacio a los movimientos fuertes o inesperados. Le generan cierta ansiedad, se siente inseguro cuando nota que pierde el equilibrio. Prefiere el contacto con el suelo, no le gusta subir, deslizarse o girar. Se marea con facilidad.

Los hiposensibles: es decir, cuando se requiere de estímulos de gran intensidad para que lleguen a ser percibidos y generen una reacción en el niño.

Hiposensibilidad táctil: el niño se mostrará insensible al dolor, la temperatura y las sensaciones al contacto con los objetos. Busca estimulaciones intensas, llevándose constantemente los objetos a la boca, masticando objetos no comestibles, chocándose contra los muebles o paredes.

Hiposensibilidad gustativa y olfativa: el niño no muestra reacción ante olores llamativamente desagradables. Le gusta lamer o probar objetos no comestibles. Se siente atraído por olores y sabores intensos como el amargo como el picante.

Hiposensibilidad visual: el niño presenta deficiente coordinación óculo-manual, aunque es capaz de ver necesita tocar para percibir los objetos. Pasa de largo ante señales visuales de objetos o personas del ambiente.

Hiposensibilidad auditiva: el niño presenta dificultades para seguir instrucciones verbales, prefiere los sonidos en volume alto, no se orienta siguiendo ciertos sonidos  ni responde a los mismos.

Hiposensibilidad vestibular: le gustan los movimientos y giros rápidos. No muestra miedo o inseguridad ante la pérdida del equilibrio o sensación de caída libre. Busca experiencias motrices intensas.

Alteraciones a nivel propioceptivo: el niño se muestra tenso, rígido, poco coordinado motrizmente. Evita actividades que requieran esfuerzo y coordinación motora. Suele tropezar, caer, ser poco hábil en sus movimientos.

¿Qué hacer para favorecer la capacidad de procesamiento sensorial del infante?
La figura del terapeuta ocupacional es la más idónea para dar respuesta de manera integral a las necesidades de los niños con TPS. A través de un tratamiento sensorial integrativo el terapeuta facilitará experiencias de tipo motriz, táctil, visual, auditivas y gustativas, trabajará en coordinación con la familia, maestros y otros profesionales relacionados con el niño con el objetivo de mejorar las habilidades motoras, el autocontrol, la conciencia del propio cuerpo, la autonomía personal, la seguridad y autoestima y las habilidades sociales.

Con el siguiente vídeo podremos hacernos una idea de la sobrecarga sensorial que en muchos casos implican las dificultades de procesamiento sensorial. Si bien la animación dibuja una realidad extrema y significativamente más intensa de la habitual, es cierto que en ocasiones, por breves periodos de tiempo, realmente los individuos con TPS llegan a experimentar estás sensaciones de agobio, confusión y ansiedad al verse rodeados de estímulos que no comprenden o que reciben como demasiado intensos o inquietantes.

Sobrecarga Sensorial

Si su hijo encaja con el perfil antes descrito consultar con un profesional para que éste realice la evaluación y diagnóstico correspondientes y determine el tipo de intervención más adecuado.

Referencias:
Ayres, J. (2006). La integración sensorial y el niño. Sevilla: Editorial Trillas.

Beaudry, I. Un trastorno en el procesamiento sensorial es frecuentemente la causa de problemas de aprendizaje, conducta y coordinación motriz en los niños. Boletín pediátrico. 2006; 46: 200-203.

Conferencia de Daniel Comín Los desórdenes sensoriales en la alimentación de las personas con TEA alimentación de las personas con TEA en 3ª Jornada Formativa sobre Desórdenes Sensoriales en los Trastornos del Espectro del Autismo.

 

¿Cómo sobrevivir a la Adolescencia?

Es bien sabido que la adolescencia es un tiempo de cambios, tanto a nivel físico como emocional. Las transformaciones que experimenta el adolescente le generan una sensación de gran inestabilidad debido a la incertidumbre que supone enfrentarse a algo nuevo y desconocido.

Pero el miedo y las inseguridades no son patrimonio del joven en proceso de cambio, los padres también suelen verse perdidos frente a la necesidad imperiosa de reformular los códigos que hasta ahora regían el funcionamiento del núcleo familiar. Además, la adolescencia de los hijos suele coincidir con una etapa de evaluación personal de los padres que los hace especialmente vulnerables y, algunas veces, hasta resistentes a los cambios, puesto que quizás se empiecen a cuestionar ciertos aspectos de su vida (situación matrimonial, realización personal, satisfacción laboral, cuidado de los mayores de la familia, etc). Todo ello requiere de los padres un ejercicio de flexibilidad, que consistirá básicamente en aprender a adaptarse a las nuevas circunstancias que se les presenten y a acompañar a sus hijos durante su propio proceso de cambio.
A continuación detallaremos algunas de los cambios más característicos de la adolescencia y daremos algunas recomendaciones para afrontarlos de forma positiva y saludable.

Los adolescentes necesitan definir su personalidad, y muchas veces lo hacen a través de la oposición a las figuras referentes. Por tanto, mostrar cierta rebeldía durante esta etapa es completamente normal. Debemos permitirles explorar y formar sus propios criterios, en este caso la imposición jamás será el camino. Debemos confiar en que los valores que les hemos transmitido desde pequeños los ayudarán a discernir correctamente lo apropiado de lo indebido.

La adolescencia es un tiempo de gran confusión, a los jóvenes no sólo les cuesta asimilar los cambios en su cuerpo sino que tampoco entienden del todo las emociones que empiezan a experimentar. Debemos ofrecerles la posibilidad de hablar de aquello que los atemoriza o preocupa, sabiendo escucharlos sin juzgarlos o menospreciando lo que los atormenta, aprendiendo a preguntar sin insistencia y a aconsejar en vez de imponer.

No obstante, los adolescentes siguen necesitando un orden, unas pautas, una cierta disciplina. Se debaten entre una búsqueda incansable de independencia y simultáneamente una enorme necesidad de sentirse guiados, comprendidos, aprobados. Debemos enseñarles a ganarse poco a poco pequeñas parcelas de independencia asumiendo las responsabilidades que implica irse haciendo mayor.

No cabe duda que durante la adolescencia las emociones se viven con gran intensidad, y dado que el grupo de amigos es uno de los referentes más importantes casi todo lo que pase relacionado con el mismo es fuente de grandes altibajos emocionales. Si sabemos crear un clima de confianza, podemos ayudarlos a conectar lo que siente con el contexto en donde dichas emociones aparecen, de esta forma podrán entender mejor lo que les pasa, aprenderán a actuar en consecuencia valorando que alternativa es la mejor para responder a dicha situación y no guiándose simplemente por sus impulsos inmediatos.

Los adolescentes interpretan los tiempos de forma subjetiva, por tanto frente a las demandas que se les hacen o las obligaciones que deben cumplir asumen que tienen «todo el tiempo del mundo» para hacerlo, de manera que no dudan en postergarlo «para después». En cambio, cuando son ellos quienes tienen una necesidad viven la espera como una postergación eterna, lo quieren todo «ya». Debemos ayudarlos fijando tiempos límite que deben respetar a la hora de cumplir con sus obligaciones y hacerlos conscientes de los beneficios que obtienen cuando son capaces de organizarse bien o de las dificultades o malos resultados que se encuentran cuando no lo son, favoreciendo así que ellos mismos se vayan auto-regulando a partir de sus propias experiencias.
Finalmente, durante la adolescencia es habitual que los jóvenes pasen largos espacios de tiempo refugiados en sí mismos. También suelen experimentar sensación de aburrimiento o incluso apatía, todo ello producto de la situación de incertidumbre que están viviendo y que muchas veces los lleva a no saber qué hacer o tener deseos o emociones contradictorias. Debemos aprender a respetar ciertos espacios y tiempos “sagrados” para ellos, renunciando a la necesidad de querer saberlo todo y tener todo bajo control. Una vez más, es importante confiar y aprender a elegir las “batallas” que vale la pena librar.

Cierto es que para un padre/madre es difícil ver que su pequeño/a deja de serlo para convertirse en un ser diferente, con gustos e ideas propias y, en numerosas ocasiones, incluso contradictorias a las paternas. Aceptar que dejamos de ser los ídolos de nuestros hijos es parte del proceso de aprender a reconocer que somos seres falibles. No debemos temer admitir un error, no sólo es educativo para nuestros hijos sino que sin duda puede servirnos para conectar más con ellos. Y tampoco debemos temer perder nuestra autoridad aceptando negociar con ellos en caso de conflicto, es decir, establecer un pacto para llegar a un acuerdo que satisfaga ambas partes, puesto que no hay mejor manera de enseñarles a asumir una responsabilidad, a comprometerse y a esforzarse por conseguir lo que quieren.
La adolescencia supone un reto para los padres en lo que respecta a la crianza y educación de los hijos, sin embargo, si se asume de forma natural, con paciencia y amor, fortalece los lazos afectivos entre padres e hijos de por vida.



Los Hábitos: Cómo fomentar en los niños la autonomía personal


No debemos olvidar que los niños son aprendices. Es decir, que todavía se están iniciando en cosas tan básicas como el habla, los hábitos de comer, dormir, vestirse y desvestirse, etc.
  • Están descubriendo que existen límites, es decir que no pueden hacer siempre lo que los place.
  • Están experimentando sus primeras frustraciones.
  • Están ampliando poco a poco sus habilidades motrices y su capacidad de producción y comprensión verbal.
En definitiva, están desarrollando todas sus capacidades y adquiriendo las pautas sociales necesarias para vivir en sociedad.
Por lo tanto, será de vital importancia la figura de los adultos referentes que sirvan de modelo y  proporcionen los espacios adecuados para promover la adquisición de todos estos aprendizajes.

¿Cuál será la manera de ayudar los niños a desarrollar sus capacidades y por lo tanto ser más autónomos?

  • En primer lugar, dejarlos experimentar (explorar, probar, hacer el intento, equivocarse, buscar alternativas, etc.)
  • En segundo lugar, enseñarles con nuestro ejemplo. Tenemos que tener en cuenta que la imitación se una de las maneras más tempranas de aprendizaje.
  • En tercer lugar, establecer rutinas en casa y en la escuela para que los niños adquieren unos hábitos que les permitan ser cada vez más autónomos. Tener una guía de cómo se tienen que hacer las cosas, los da la seguridad necesaria para poder improvisar y por lo tanto, también aprender a ser flexible, cuando las situaciones así lo requieran.

¿Por qué son importantes las rutinas?

  • Porque permiten que los niños se sitúen y esto los da seguridad. Los niños disfrutan y se sienten seguros con aquello que es conocido para ellos. 
  • Siguiendo una rutina los niños saben el que tienen que hacer y el que esperan los adultos de ellos.
  • Permite los niños anticiparse a las situaciones, de tal manera que no los toma por sorpresa.
  • La repetición hace el hábito y una vez éste ha quedado instaurado se eliminan los conflictos que acostumbraban acompañar los momentos de comer, dormir, etc.

Las áreas que tendremos que trabajar para fomentar la autonomía de los niños son:

  • La alimentación
Probar diferentes tipos de alimentos.
Comer sentado a mesa.
Usar servilletas (o el babero) para limpiarse la boca.
Parar y desparar mesa.
Beber de un vaso.
Usar el cubiertos de manera adecuada.

  • El descanso
No oponerse cuando toca ir a dormir.
Dormir a la propia cama.
Respetar los horarios de descanso y el descanso de los otros. 



  • La higiene

Lavar las manos y la cara.
Limpiar la nariz.
Cepillar los dientes.
Control de esfínteres.

  • El vestido
Vestirse y desvestirse.
Poner y quitar zapatos.
Saber dónde se guarda cada prenda de ropa.

  • El orden
Utilizar los juguetes y los materiales de forma adecuada.
Recogerlos una vez se ha acabado de jugar con ellos.
Tratar con cuidado los espacios y las cosas de casa / materiales de la escuela.

  • La convivencia
Saber esperar.
Respetar el turnos de palabra.
Saludar y despedirse.
Dar las gracias.
Pedir las cosas por favor.
Pedir permiso.

La mayoría de las pataletas y conflictos con los niños que preocupan los padres vienen derivados de una falta de límites en casa, pero también de una desorganización familiar a nivel de rutinas en el hogar. Como consecuencia, las educadoras en muchas ocasiones también expresan su disconformidad con las costumbres que han adquirido los niños en casa y que son imposibles de seguir en la escuela, de tal manera que los niños tienen que hacer un re-aprendizaje de los hábitos de comer, dormir, etc.

Algunas de las quejas más habituales que hacen los padres de niños pequeños son:

  • No se sienta en la mesa para comer/cenar.
  • No quiere probar cosas nuevas. Siempre come el mismo.
  • No colabora para vestirse y desvestirse. Lo tenemos que hacer todo!
  • Se enfada mucho cuando no puede hacer una cosa.
  • No entiende que por la mañana tenemos prisa y no podemos pararnos a jugar.
  • No se duerme si no lo cogemos en brazos.
  • No se duerme si no lo paseamos con el cochecito.
  • No se duerme si no es en nuestra cama.
  • Se enfada cuando le digo que toca ir a dormir.
  • No recoge los juguetes.
El denominador común de todas estas situaciones es la falta de una rutina clara, práctica y consistente. Los niños tienen que saber qué debe hacer y qué pasos debe seguir para hacerlo. Además debemos ofrecer el modelo necesario y acompañar al niño si hace falta hasta que este sea capaz de hacer la tarea por sí solo.

Un ejemplo de rutina: 

 
Cuando vamos a dormir: 


1. Nos lavamos los dientes.
2. Nos ponemos el pijama.
3. Nos acostamos.
4. La mamá o el papá explican un cuento.
5. Nos damos las Buenas Noches.
6. Apagamos las luces y nos ponemos a dormir.


Procuraremos seguir estos pasos siempre de la misma manera para garantizar que se consolide la rutina. Daremos las ayudas necesarias a la hora de cepillar los dientes o poner el pijama. Y sobretodo, intentaremos que se trate de un tiempo agradable tanto para los niños como para nosotros.


En conclusión,
que haya una rutina clara permite los niños tener la oportunidad de intentar hacer las cosas por sí mismos. Y se sienten muy satisfechos cuando consiguen hacerlo. Cuando no pueden, tenemos que animarlos a seguir intentándolo, ofrecer la ayuda necesaria e ir reduciéndola progresivamente.











Els Hàbits: Com fomentar en els infants l'autonomia personal 

De vegades oblidem que els nens són aprenents. És a dir, que encara s'estan iniciant en coses tan bàsiques como ara la parla, els hàbits de menjar, dormir, vestir-se i desvestir-se, etc. En aquest sentit, és molt important tenir present que els nens:
  • Estan descobrint que existeixen límits, o sigui que no poden fer sempre el que els plau.
  • Estan experimentant les seves primeres frustracions.
  • Estan ampliant mica en mica les seves habilitats motrius i la seva capacitat de producció i comprensió verbal.
En definitiva, estan desenvolupant totes les seves capacitats i adquirint les pautes socials necessàries per a viure en societat. Per tant, serà de vital importància la figura dels adults referents que donin els models adients i que proporcionin els espais adequats per a promoure l'adquisició de tots aquests aprenentatges.

Quina serà la manera d'ajudar els infants a desenvolupar les seves capacitats i per tant ser més autònoms?
  • En primer lloc, deixar-los experimentar (bellugar-se, tastar, fer l'intent, equivocar-se, cercar alternatives, etc.)
  • En segon lloc, ensenyar-los amb el nostre model. Hem de tenir en compte que la imitació es una de les maneres més primerenques d'aprenentatge.
  • En tercer lloc, establir rutines a casa i a l'escola per tal que els nens adquireixen uns hàbits que els permetin ser cada vegada més autònoms. Tenir una guia de com s'han de fer les coses, els dóna la seguretat necessària per a poder improvisar i per tant, també aprendre a ser flexible, quan les situacions així ho requereixin.

Per què són importants les rutines?
  • Perquè permeten que els infants es situïn i això els dóna seguretat. Els nens gaudeixen i se senten segurs amb allò que és conegut per a ells.
  • Seguint una rutina els nens saben el que han de fer i el que esperen els adults d'ells.
  • Permet els nens anticipar-se a les situacions, de tal manera que no els pren per sorpresa.
  • La repetició fa l'hàbit i un cop aquest ha quedat instaurat s'eliminen els conflictes que acostumaven acompanyar els moments de menjar, dormir, etc.

Les àrees que haurem de treballar per tal de fomentar l'autonomia dels infants són:
  • L'alimentació
Tastar diferents tipus d'aliments.
Menjar assegut a taula.
Fer servir tovallons (o el pitet) per netejar-se la boca.
Parar i desparar taula.
Beure d'un got.
Fer servir el coberts de manera adient.

  • El descans
No posar oposició quan toca anar a dormir.
Dormir al propi llit.
Respectar els horaris de descans i el descans dels altres.

  • La higiene
Rentar les mans i la cara.
Mocar-se.
Rentar les dents.
Control d'esfínters.

  • El vestit
Posar i treure la roba.
Posar i treure sabates.
Saber on es guarda cada peça de roba.

  • L'ordre
Utilitzar les joguines i els materials de forma adient.
Recollir-los un cop s'acabat de jugar amb ells.
Tenir cura dels espais i les coses de casa / materials de l'escola.

  • La convivència
Saber esperar.
Respectar el torns de paraula.
Saludar i acomiadar-se.
Donar les gràcies.
Demanar les coses “Si us plau”.
Demanar permís.

La majoria de les rebequeries i conflictes amb els infants que preocupen els pares venen derivades d'una manca de límits a casa, però també d'una desorganització familiar a nivell de rutines a casa. Com a conseqüència, les educadores en moltes ocasions també expressen la seva disconformitat amb els costums que han agafat els nens a casa i que són impossibles de seguir a l'escola, de tal manera que els nens han de fer un re-aprenentatge pel que fa els hàbits de menjar, dormir, etc.

Algunes de les queixes més habituals que fan els pares de nens petits són:
  • No seu a taula per dinar/sopar.
  • No vol tastar coses noves. Sempre menja el mateix.
  • No col·labora per vestir-se i desvestir-se. L'hem de fer tot!
  • S'enfada molt quan no pot fer una cosa.
  • No entén que pel matí tenim pressa i no podem parar-nos a jugar.
  • No s'adorm si no l'agafem a coll.
  • No s'adorm si no el gronxem al cotxet.
  • No s'adorm si no és al nostre llit.
  • S'emprenya quan li dic que toca anar a dormir.
  • No recull les joguines.
El denominador comú de totes aquestes situacions és la manca d'una rutina clara, pràctica i consistent. Els nens han de saber que s'ha de fer i quins passos s'han de seguir per a fer-ho. A més ha de donar el model necessari i acompanyar l'infant si cal fins que aquest sigui capaç de fer la tasca per si sol.

Un exemple de rutina:  

Quan anem a dormir:
  1. Ens rentem les dents.
  2. Ens posem el pijama.
  3. Ens fiquem al llit.
  4. La mama o el papa expliquen un conte.
  5. Ens diem “Bona Nit”.
  6. Tanquem llums i ens posem a dormir.
Procurarem seguir aquests passos sempre de la mateixa manera per garantir que s'assoleixi la rutina. Donarem els ajuts necessaris a l'hora de rentar les dents o posar el pijama. I sobre tot, intentarem que es tracti d'una estona agradable tant pels nens com per a nosaltres.
 
En conclusió, que hi hagi una rutina clara permet els infants tenir l'oportunitat d'intentar fer les coses per sí mateixos. I se senten molt satisfets quan aconsegueixen fer-ho. Quan no poden,  hem d'animar-los a seguir intentant-ho, oferir l'ajut necessari i anar reduint-lo progressivament.


Referències:
ANTÓN, E., ROMERA, R., SAAVEDRA, M., SIMAL, Mª M. y VILLAR, Mª R. (2003) Actividades en Educación Infantil. Barcelona. Ed. CISSPRAXIS.

GALLEGO ORTEGA, J.L., FERNÁNDEZ HARO, E. (2003) Enciclopedia de Educación Infantil. Archidona (Málaga). Ed. Aljibe.


VALLET, M. (2004) Educar a niños y niñas de 0 a 6 años. Barcelona. Ed. CISSPRAXIS.


ZABALZA, M.A. (2010) Didáctica de la Educación Infantil. 6ª EDICIÓN. Madrid. Ed. Narcea.